a
 
 
Datos para inicio de Sesión:
Usuario:
Clave:
 Registrarse   l   Recuperar clave   l  FAQ!
 
  87 ver todos

  Novedades:

Renovamos nuestro juego de TRIVIAS!.. desafía a este nuevo diseño  
Documento sin título
La gente se sorprende cuando descubre que mi única afición verdadera, además del desayuno diario de patilla con queso blanco, es resolver crucigramas. Algunos piensan que los crucigramas son una tortura china, otros creen que se trata de una actividad cultural y no faltan los que se imaginan que hay maneras menos idiotas de perder el tiempo

Todo eso es una exageración. Los crucigramas son un simple entretenimiento, como cualquiera otro, pero menos peligroso que el fútbol y más barato que el póker. Además de ser divertidos, y provocadores, los crucigramas permiten que uno le pierda el miedo reverencial al lenguaje y lo trate con la confianza de un camarada. Las palabras son divertidas cuando uno las convierte en juguete o en acertijo. También son cariñosas. Y se ríen con buena salud porque tienen sentido del humor, al contrario de lo pasa con la actual campaña política, que no es una diversión, sino un rompecabezas.

Todo eso es una exageración. Los crucigramas son un simple entretenimiento, como cualquiera otro, pero menos peligroso que el fútbol y más barato que el póker. Además de ser divertidos, y provocadores, los crucigramas permiten que uno le pierda el miedo reverencial al lenguaje y lo trate con la confianza de un camarada. Las palabras son divertidas cuando uno las convierte en juguete o en acertijo. También son cariñosas. Y se ríen con buena salud porque tienen sentido del humor, al contrario de lo pasa con la actual campaña política, que no es una diversión, sino un rompecabezas.
El año pasado, en una revista de crucigramas, encontré varios retruécanos y un desafío para que cada lector inventara otros por su propia cuenta. Los retruécanos, como lo sabe mejor que nadie el pueblo bogotano, que es campeón mundial en esa disciplina del ingenio, no son más que juego de palabras, charadas del idioma, piruetas verbales, malabares que se hacen lanzando las palabras al aire, volteretas de la inteligencia, maromas del diccionario. Son pequeñas joyas de la gracia y el talento. Los franceses inventaron el retruécano y lo llamaron calembour.
Colecciono retruécanos desde hace mucho tiempo, con un exigente criterio selectivo, y tengo de ellos un pequeño museo perdido entre el desorden de mis papeles. Algunos son de mi propia cosecha, otros debo haberlos leído o escuchado en alguna parte, no faltará el que sea una mezcla de ambas cosas, y el resto no estoy seguro ni de lo uno ni de lo otro.
Y mi bosque madura,
Y mi voz que madura,
Y mi voz quemadura,
Y mi voz, qué madura,
Y mi voz quema, dura.


Mi ahijado, que se acaba de casar con una muchacha inteligente y bonita, y que, en consecuencia, tiene motivos para saber lo que afirma, aporta uno de su caletre al regreso de la luna de miel:

El amor lo cura todo.
El amor: locura todo.
Él, amor, lo cura todo.


Pero confieso que a mí me gustan más los retruécanos que están escritos en prosa, porque se sienten menos cohibidos, se permiten más libertades y tienen una mayor desenvoltura. En prosa son más traviesos. Ahí va, pues, una muestra gratis, necesariamente lacónica, que comienza con un diálogo imaginario de cuya paternidad irresponsable me siento francamente orgulloso:

**-No se le parece.
-No, se le parece.
-No sé, ¿Le parece?
**Roza tu pelo la rosa. Rosa, tu pelo la roza.
**Ató dos palos. A todos, palos.
**Si el rey no muere, el reino muere.
**Quien amaría a María, a María amaría.
**Y los cruzados ayudaron al Papa. Hilos cruzados ayudaron al Papa.
**¿Cristo está? No, ha resucitado.
**Cristo está. No ha resucitado.
**¿Cristo está? ¿No? Ha resucitado.


No es un elogio, ni mucho menos: es la verdad. No es un elogio, ni mucho menos es la verdad.
Y para terminar por hoy -como dicen los malos cantantes- le presento al respetable público una melodía de mi propia inspiración. La historia verídica se refiere a un amigo mío de Girardot, llamado Luis Eduardo Mata Rosas, a quien con esos apellidos la vida condenó, naturalmente, a ser jardinero. Una tarde de septiembre pasado, Mata intentaba cortar unos rosales paliduchos con una tijera de podar. Mi mujer, iracunda, estuvo a punto de castrarlo con ella misma. Yo, que veía aquel zaperoque desde la prudente distancia que aconseja la cautela, escribí estas líneas en un cuaderno escolar:

-¿Mata mata la mata?
-La mata.
-¿La mata o la mató?
-Tómala, o la mata.
-La mató. Mátalo.
-¿Lo mato a Mata?
-O átalo a la mata

 

 


www.crucigramastematicos.com - Aviso Legal
Queda prohibida toda reproducción total o parcial, todos los derechos reservados 2005 ©  
Córdoba - República Argentina - TEL/FAX: +54 351 4861576