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Entra
un señor corriendo a una farmacia y pide:
"¡Rápido, deme algo para la diarrea, pero ya!"
El encargado de la farmacia, que era nuevo en el negocio, se pone un
tanto nervioso y le da sin fijarse unas pastillas. El tipo, con la
urgencia, se las toma y se va. Momentos después, el encargado de la
farmacia se da cuenta de que por error e inexperiencia le dio al
hombre unas pastillas para los nervios. Horas después regresa
nuevamente el diarreico y el farmacéutico le dice:
"¡Mil disculpas, señor, fíjese que por error le di un medicamento
para los nervios en lugar de algún antidiarréico! Pero dígame, ¿cómo
se siente usted?"
"Cagao, pero tranquilo". |
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Un loco que habitaba en el sexto piso
de un edificio tenía desconcertado a un señor porque cada vez que
pasaba rumbo a su trabajo, el chiflado le apuntaba con la mano en
forma de pistola y le disparaba desde la ventana.
Llegó el día en que el tipo decide seguirle el juego al orate:
apunta con la mano y le dispara al chalado que se asomaba desde la
ventana; éste se lleva las manos al pecho, se desploma y cae al
pavimento.
El hombre, sorprendido, corre a auxiliarlo. El loco moribundo lo
mira y le reclama:
"Yo nunca te disparé al cuerpo".
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Una viejecita vivìa
sola con un loro antichavista, que pasaba todo el dìa gritando:
"Muera Chavez".
Un día los círculos bolivarianos que vivian en la misma vecindad
fueron a hacerle un reclamo a la viejita para que callara al loro.
Esta, preocupada habló con el loro:
"Lorito,mijo, cállate la boca, deja de meterte con el gobierno que
nos van a joder duro, cállate la boca". Pero el loro nada que le
paraba bolas a la vieja, y seguía: "Que muera Chávez".
La viejita fue a hablar con el cura del pueblo para explicarle la
situación, a ver si podía ayudarla, y el cura le dijo: "A ver, hija:
Lo que podemos hacer es meterlo en la misma jaula de mi loro, que se
sabe de memoria la Misa, el Santo Rosario y muchas otras oraciones,
para ver si así se le olvida el asunto y aprende a rezar". Así
fue...
Al cabo de 15 dias, la viejita preocupada, va de nuevo a visitar al
cura a ver los resultados, y le pregunta: "Padre, que pasó con el
lorito?" Entonces el cura la mira con suma preocupación y le dice:
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"Yo creo que la cosa se puso peor, hija mía, porque cuando tu loro
dice "Muera Chávez" el mío responde "Te lo pedimos, señor..."
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Un hombre iba de vacaciones en el automóvil con su familia. Su
suegra gritaba y gritaba, molestaba, era insoportable. El hombre ya
se estaba poniendo nervioso, hasta que detiene el auto, se baja,
abre la cajuela y le dice a su suegra:
"¡Está bien!, venga adelante con nosotros!"
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Se encuentran dos argentinos por la calle y el uno le dice al
otro:
"Como andas che, tanto tiempo, que es de tu vida."
"Y mira, yo siempre bien, imaginate que el otro día estaba con una
mina en la cama haciendo el amor y al pie de la cama tengo un
crucifijo y Jesús desclavó las manos y empezó a aplaudir."
"Bah, eso no es nada, en la mía tengo un cuadro de la última cena...
(lo interrumpe el otro)
"Me vas a decir que te aplaudieron también."
"No, nada de eso che, ellos me hicieron la ola."
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Entra un señor corriendo a una farmacia y pide: "¡Rápido, deme algo
para la diarrea, pero ya!"
El encargado de la farmacia, que era nuevo en el negocio, se pone un
tanto nervioso y le da sin fijarse unas pastillas. El tipo, con la
urgencia, se las toma y se va. Momentos después, el encargado de la
farmacia se da cuenta de que por error e inexperiencia le dio al
hombre unas pastillas para los nervios. Horas después regresa
nuevamente el diarreico y el farmacéutico le dice:
"¡Mil disculpas, señor, fíjese que por error le di un medicamento
para los nervios en lugar de algún antidiarréico! Pero dígame, ¿cómo
se siente usted?"
"Cagao, pero tranquilo".
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Federico vivía en un apartamento con Karla. Ante los ojos de la
familia de Federico Karla sólo compartía el apartamento con
Federico. Nadie podía comprobar otra cosa.
Un día, Federico invita a su madre a cenar a su apartamento. Durante
la cena, la madre no pudo evitar reparar en lo hermosa que era Karla.
Durante mucho tiempo había tenido sospechas de que su hijo sostenía
una relación con Karla y, al verla, la sospecha no pudo sino
acrecentarse. En el transcurso de la velada, mientras observaba el
modo en que los dos se comportaban, se preguntó si estarían
acostándose. Leyendo a su madre el pensamiento, Federico asevera:
"Mamá, sé lo que estás pensando, pero te aseguro que Karla y yo sólo
somos compañeros de apartamento".
Aproximadamente una semana después, Karla le comentó a Federico que,
desde el día en que su madre vino a cenar, no encontraba el cucharón
grande de plata para servir sopa.
Federico contesto que, conociendo a su madre, dudaba que ella se lo
hubiese llevado pero que le escribiría una nota y que la dejaría en
un lugar visible en la casa de su madre: en la puerta del
refrigerador. Así que se sentó y escribió:
Querida mamá:
No estoy diciendo que tú tomaras el cucharón de plata para servir
sopa; tampoco estoy diciendo que no lo hicieras, pero el hecho es
que éste ha desaparecido desde que tú viniste a cenar a mi
apartamento.
Con todo cariño, tu hijo Federico'.
Unos días más tarde, sobre su escritorio, Federico encuentra una
nota de su madre:
'Querido hijo:
No estoy diciéndote que te acuestas con Karla o que no te acuestas
con Karla, pero el hecho es que si Karla se acostara en su propia
cama, ya habría encontrado el cucharón de plata para servir sopa que
yo puse bajo sus sábanas.
Con todo cariño, mamá. |
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